El papel-moneda de nÍquel
Emisiones colombianas de la posguerra…

Por Ignacio Henao

Pasada en 1902 la Guerra de los Mil Días, hasta entonces la más larga y devastadora de las contiendas civiles colombianas, el país quedó sumido en un estado de postración física y moral. Como si fuera poco, y para cerrar con broche de oro, insensible a esta situación o, más bien, aprovechándose de ella, las maquinaciones de Teodoro Roosevelt culminaron con el humillante y sórdido episodio de la separación de Panamá en 1903.

Al finalizar la guerra la economía era un caos. A consecuencia de la avalancha de emisiones del Banco Nacional, incrementada con las de los gobiernos seccionales y las del ejército liberal, estaba el país inundado de billetes cuyo valor era poco más que el del papel de que estaban hechos. El Congreso emprendió el cambio del depreciado papel moneda por moneda de buena ley, a razón de un centavo oro por cada peso en billetes devaluados, eliminando de un plumazo la mayor parte de la deuda interna.

1P 1904

Billete de 1 peso de 1904 remplazado por
las monedas de níquel de 1 peso p/m.
Impreso en Londres por Waterlow and Sons.
Dimensiones: 53 x 106 mm.

Como parte de la nueva amonedación, a instancias de la Junta Nacional de Amortización decretó el presidente Reyes en octubre de 1906 la acuñación de monedas de níquel de uno, dos y cinco centavos oro que, curiosamente, no debían llevar su valor, sino su equivalencia en billetes, es decir uno, dos y cinco pesos papel moneda, puesto que servirían para remplazar los ya deteriorados billetes de estas denominaciones, de la llamada emisión inglesa hecha por la junta en 1904. El decretó estipulaba así las características de las monedas:

"Las monedas de níquel tendrán por el anverso la cabeza de la República con la palabra PAZ en una cinta, y con una leyenda en contorno que diga REPÚBLICA DE COLOMBIA y el año de su acuñación en números; y por el reverso llevarán la indicación de su valor en número, la palabra peso o pesos, según el caso, y las iniciales p/m., abreviatura de papel moneda, en medio de una corona de laurel."

En otras palabras, estas piezas, que siempre pasaron más bien desapercibidas entre los coleccionistas, en su momento representaron un cambio sustancial en los diseños tradicionales en Colombia. La figura femenina que desde la Independencia hizo parte de nuestra moneda, ora con un tocado de plumas, ya ataviada a la romana, no fue ya la efigie de la Libertad. Era la República. Hay otro detalle también interesante: así como su antecesora, esta efigie debía llevar una ínfula sobre la frente que, sin embargo, en lugar de la tradicional LIBERTAD, llevaría la palabra PAZ, el anhelo de una nación extenuada por la guerra y parte de uno de los lemas adoptados por Reyes para su gobierno: «Paz, concordia y trabajo».

Las monedas se hicieron siguiendo en todo las indicaciones del decreto presidencial y, con sólo dos excepciones a las que me referiré más adelante, todas llevan en la base del reverso, bajo el moño que enlaza los ramos de laurel, las iniciales “A.M.” del grabador belga Albert Michaux.

La efigie femenina que utilizó el artista para la personificación de la República en el anverso, tiene notables diferencias con las antes acostumbradas en la moneda colombiana. Además de la orientación hacia la derecha del observador, contraria a la de casi todas las anteriores, ésta usa un gorro frigio adornado con una rama de laurel, al estilo de la Marianne de la revolución francesa, emblema también de la República, tal como aparecía por esos años en las monedas francesas de veinticinco centimes, obra de Henri-Auguste Patey, grabador general de la casa de moneda de París. Sin embargo, la interpretación que hizo Michaux de la alegoría fue bastante más sobria que la del francés. A la mezcla de juventud y vitalidad que le imprimió Patey a la suya, se opone la dama de perfil clásico, hermosa, aunque quizá en extremo digna y circunspecta, grabada por el belga.

Francia 5c 1903 Moneda francesa de níquel de 25 centimes de 1903, del grabador A. Patey, con la efigie de Marianne, símbolo francés de la República. Con el mismo anverso se emitió hasta 1905. Diámetro: 24 mm.
5 pesos p/m 1907 Moneda colombiana de níquel de 5 pesos p/m de la primera emisión de 1907. Obsérvense las iniciales A.M. de Albert Michaux en la base del reverso junto a la gráfila. Diámetro: 21 mm.

La acuñación de las dos primeras emisiones, de 1907 y 1909, fue contratada en Bruselas[1], pero eran épocas turbulentas y las importaciones de monedas no estaban exentas de riesgos. Las cajas con la primera remesa de monedas para la emisión de 1909, que fue sólo en monedas de cinco pesos, llegaron a mediados de ese año a Barranquilla, en medio de una revuelta contra el gobierno de Reyes, quien por esos días se hallaba en la Costa Atlántica ya en camino al exilio voluntario en Europa luego de renunciar a la presidencia. Según informó el gobernador, los revolucionarios sustrajeron de la administración de aduana sesenta y dos cajas con monedas de níquel, que contenían seiscientas mil piezas de cinco pesos p/m, por un valor de treinta mil pesos oro que, según cuentas, sirvieron para financiar buena parte de los gastos de la revuelta.[2]

Como las monedas se habían pedido anticipadamente, el gobierno aún no disponía de base legal para su emisión y Jorge Holguín, quien ejercía temporalmente la presidencia como designado, prohibió su circulación en decreto de julio de 1909, ordenando que todas las piezas de esa fecha que se hallaran en poder de los particulares fueran decomisadas y remitidas a la junta de amortización, medida que probablemente no tuvo mucho éxito. Incluso al parecer Justiniano Cañón, el subsecretario de hacienda que remplazaba al ministro de hacienda y el tesoro, no se infomó muy bien antes de la expedición del decreto, y en él se habla de monedas de uno, dos y cinco pesos de 1909, cuando realmente la única que llegó fue la última de ellas.

Finalmente, la ley 6ª del 11 de junio de 1910, ya durante el gobierno de Ramón González Valencia, autorizó la circulación de la acuñación total de fecha 1909, que fue de cuatro millones de monedas de cinco pesos p/m —incluidas las que se perdieron en Barranquilla—, equivalentes a veinte millones de pesos papel moneda, o doscientos mil pesos oro.

El cupro-níquel no es un metal fácil de acuñar y nuestras casas de moneda no contaban con la experiencia, pero quizá los problemas con las importaciones obligaron a continuar su producción en Bogotá a partir de 1910. Sólo en 1912 se volvió a contratar por fuera parte de una acuñación, pero por alguna razón ya no en Bélgica sino en Inglaterra con la firma Heaton de Birmingham. Ésta acuñó dos millones de piezas de un peso y otro tanto en monedas de cinco pesos, fácilmente reconocibles, no sólo por su alta calidad, similar a las acuñadas en Bélgica, sino porque Heaton remplazó las iniciales de Michaux por su “H” tradicional.

Aunque la última emisión de 1 peso p/m lleva la fecha 1916, por muchas décadas estuvieron los pesos p/m de níquel en los bolsillos de los colombianos, confundiéndose después con sus sucesoras de uno, dos y cinco centavos. Una afeitada nocturna en la Peluquería Fígaro de Medellín se podía pagar en 1909 con cuatro monedas de cinco pesos p/m. Un ejemplar del diario El Colombiano de Medellín se podía comprar en 1916 con tres moneditas de 1 peso p/m. Hasta los años 70 era aún posible hallarlas en las devueltas, aunque ya en un estado de desgaste extremo.

En la actualidad un coleccionista puede hallar sin gran dificultad todas las denominaciones de 1907 y 1909 hechas en Bélgica y las de 1912 de Heaton en excelente estado de conservación. Las otras fechas y denominaciones se encuentran usualmente con mucho desgaste y son raras sin huellas de circulación, en especial algunas de 1914. Un resumen de las emisiones puede verse en la tabla siguiente.

Tabla

Notas:

[1] Ya existían antecedentes de acuñaciones hechas en Bélgica para Colombia con las monedas de 10 y 20 centavos de 1897, en plata de ley 0,666. También existe una serie de pruebas para monedas de diez centavos con fecha 1900, que Albert Michaux hizo para el gobierno colombiano, aunque ninguna de ellas se emitió.

[2] Según el periódico Actualidades de Medellín, del 3 de agosto de 1909, la “Revolución de Barranquilla” estalló el 3 de julio de 1909 y, según un testigo presencial no identificado, los revoltosos apresaron al gobernador, general Diego A. de Castro, al prefecto, general Eparquio González y al administrador de aduana, don Eduardo Gerlein. La cantidad total que sustrajeron de la aduana y de otras oficinas oficiales, incluyendo las monedas de níquel, fue de $40.000 oro, que se gastaron “en equipo de vapores, trenes a Puerto Colombia y gastos de flotilla, leña, víveres, personal, &, &”.