LA MONEDA EN IBEROAMÉRICA
La macuquina

Por Ignacio Henao

Aunque no es claro el origen de la palabra, la moneda llamada macuquina, de factura burda y forma irregular, fue producida durante más de dos siglos por varias de las cecas españolas de América, tanto en plata como en oro. Muchas llevan por una cara la cruz de Jerusalén, por lo que también dieron en llamarla moneda de cruz. Su forma, en muchos casos definida por varios cortes rectos, hizo que también se la conociera como moneda recortada. Igualmente se la llamó moneda de martillo por su método de fabricación.

Macuquinas

Macuquinas de uno y dos reales
de las cecas de Lima y Potosí.

La primera en producir macuquinas de plata en América fue la ceca de México, fundada en 1536, seguida de las cecas de Lima y Potosí, fundadas en 1568 y 1574, lo cual hicieron en enormes cantidades que circularon por todas las colonias americanas. Las macuquinas de oro fueron inicialmente producidas solo por la ceca del Nuevo Reino de Granada, actual Colombia, a partir de 1622.

En plata existieron desde los minúsculos cuartillos o cuartos de real macuquinos, acuñados en América solo por la ceca del Nuevo Reino de Granada, hasta las grandes piezas de ocho reales conocidas popularmente como patacones. La macuquina de oro más pequeña fue el escudo, equivalente a dos patacones de plata. La mayor fue la pieza de ocho escudos u onza.

La forma irregular de las macuquinas se prestó para nuevos recortes y limaduras fraudulentas, reconocibles solo por la pérdida de peso de la pieza, lo que obligó a los comerciantes a, literalmente, andar con la balanza en el bolsillo. A mediados del siglo XVIII esta situación forzó a la Corona española a ordenar un cambio en el sistema de producción, para fabricar monedas circulares con un grabado en el canto o cordoncillo que permitiera verificar a simple vista cualquier adulteración de la moneda. No obstante el cambio, las macuquinas continuaron circulando, y aún seguían haciéndolo años después de la emancipación de las colonias españolas en América.

Fabricación de la macuquina

Ceca medieval

Ceca de la época del emperador
Maximiliano I (1493-1519), en un
grabado en madera del Weisskunig

Las características burdas de la macuquina se deben a su forma de producción en casas de moneda que por ese entonces eran poco más que una herrería, donde amén de hornos y crisoles, las herramientas básicas eran cuños, martillos, yunques, cizallas y balanzas.

Una vez preparada la aleación en el horno, con el visto bueno de los ensayadores, se vertía el metal fundido en rieleras para obtener los rieles o lingotes en forma de barras, que eran cortados con grandes cizallas para obtener trozos de metal con peso lo más cercano posible al de la moneda que se pretendía fabricar. Estos trozos de metal pasaban luego a obreros que, con yunque y martillo, los adelgazaban hasta el espesor aproximado de la moneda, recortándoles luego todo exceso de peso. De allí pasaban a manos del sellador, encargado de estampar en ellos el diseño de la moneda, por medio de cuños, cada uno con el diseño de una cara de la pieza en negativo. Uno de los cuños estaba fijo en un tronco de madera que abrazaba con sus piernas el sellador y el otro en su mano. El trozo de metal se colocaba sobre el cuño fijo y el sellador lo prensaba con el otro, golpeándolo luego con un martillo hasta estampar los diseños de ambas caras.

Bibliografía

Céspedes del Castillo, Guillermo. Las cecas indianas en 1536-1825, Madrid, 1996
Cecas de fundación temprana, Museo Casa de la Moneda, Madrid, 1997
Burzio, Humberto F. Diccionario de la moneda hispanoamericana, Santiago de Chile, 1958
Restrepo, Jorge Emilio. Monedas de Colombia, 1619-2006, Medellín, Colombia, segunda edición 2007.