LA MONEDA EN IBEROAMÉRICA
La moneda de cordoncillo

Por Ignacio Henao

Patacón mexicano

Moneda de plata de 8 reales de
cordoncillo de la ceca de México

La gran vulnerabilidad a cortes y limados fraudulentos de la moneda macuquina, hizo que el 9 de junio de 1728 Felipe V expidiera una Real Cédula disponiendo que, en adelante, las casas de moneda debían fabricar solo moneda circular con grabado en el canto o cordoncillo, que permitiera detectar cualquier cercenamiento. En el párrafo pertinente la cédula decía:

"Todas las monedas de plata que se labrasen en las Casas de estos mis reynos y de los de Indias serán acuñadas en ingenios o molinos de agua u de sangre, y de figura circular, con un cordoncillo o laurel al canto, para dificultar por este medio el cercén, y la falsificación."

El cumplimiento de la real orden no fue fácil. En primer lugar fue necesario abrir cuños y matrices para la nueva moneda, en todas las denominaciones y para todas las cecas, por parte de los grabadores de Sevilla y Madrid. Las monedas de plata llevaron inicialmente en el anverso el escudo español y en el reverso las columnas de Hércules con dos mundos entre ellas, el viejo y el nuevo, con la corona de España superpuesta. Las de oro llevaron el busto del rey por el anverso y el escudo español al reverso, diseño que más tarde también adoptaron las de plata.

Además de las reformas a los edificios y el entrenamiento del personal, se requirió el envío desde España de pesadas prensas de volante de bronce y planos e instrucciones detalladas para la construcción en madera de molinos de laminación. Enormes artefactos de dos plantas con el sistema motriz en la de abajo, usualmente caballos o mulas uncidos a un molinete, y los rodillos de laminación en la superior. La primera ceca americana que cumplió con la orden fue la de México en 1732. La de Lima lo hizo en 1751 y la del Nuevo Reino de Granada solo en 1756 pudo concluir las reformas al edificio necesarias para instalar la nueva maquinaria.

No obstante las dificultades, esto significó un gran avance, tanto en dificultar su adulteración y falsificación como en la apariencia general de la moneda iberoamericana.

La fabricación de la moneda de cordoncillo

Molino Diderot

Molino de laminación del siglo XVIII
Enciclopedia de Diderot

La producción de la nueva moneda requería varias nuevas etapas de fabricación que no existían con la forma rudimentaria en que producía la macuquina. Luego de preparada la aleación con el visto bueno de los ensayadores, se obtenían los rieles que luego pasaban al molino de laminación, donde con varias pasadas se convertían en fleje largo y estrecho, con espesor que dependía del tipo de moneda que se pretendía fabricar. De allí pasaban a la hilera, donde se obligaban a pasar por una ranura que les daba un calibre uniforme y exacto.

Adelgazados y calibrados, los flejes pasaban al cortante, una especie de sacabocados donde se obtenían discos del diámetro apropiado para la acuñación. Éstos se pesaban, descartando los que estaban por debajo del peso legal y repasando a lima los que lo superaban. Luego seguían al acordonador, donde se les realzaba el borde y se les imprimía el grabado del canto.

Al salir de allí, luego de un recocido en horno para ablandarlos y mejorarles el color, eran sellados en el volante, una prensa de tornillo, estampándoles con los cuños ambas caras a la vez.

Bibliografía

Céspedes del Castillo, Guillermo. Las cecas indianas en 1536-1825, Madrid, 1996
Cecas de fundación temprana, Museo Casa de la Moneda, Madrid, 1997
Burzio, Humberto F. Diccionario de la moneda hispanoamericana, Santiago de Chile, 1958
Restrepo, Jorge Emilio. Monedas de Colombia, 1619-2006, Medellín, Colombia, segunda edición 2007